30 mayo 2005

Tecnología y sociedad

También nos hemos dado cuenta del tremendo impacto positivo que pueden tener las nuevas tecnologías en la sociedad occidental, haciéndola cambiar radicalmente y, sin duda, para mejor.

La tecnología influirá de distintas maneras en distintas culturas. En todos los momentos, nos referiremos en este trabajo a las posibles y más que deseables consecuencias que puede tener en la sociedad occidental.

Si la tecnología afecta a la sociedad, afectará a la educación y viceversa: Si la tecnología afecta a la educación, afectará a la sociedad.
Si la tecnología afecta a ambas, el cambio será mucho mayor.

La tecnología permite ya muchas cosas cuya implantación es cuestión de tiempo. Desde eliminación de barreras burocráticas accediendo a algún tipo de cajero en el que insertaríamos nuestro DNI y, por medio de asistentes, nos fuera dirigiendo donde deseemos llegar, hasta fugacidad en los recuentos de las votaciones con todo lo que esto conlleva, como es la posibilidad de llevar a cabo más referendums que desemboquen en una soberanía auténticamente popular y cuyo resultado se conociera en el mismo momento en el que se cerraran las votaciones.
También es ya posible que los diputados acudan al congreso aun no pudiendo salir de casa o estando en otro país, ya sea creando grandes y caras salas que permitan recibir y enviar hologramas de lo que sucede en los parlamentos usando proyectores y escáneres que barran la sala, permitiendo una estética aunque superflua presencia o con una mucho más sencilla y barata videoconferencia que, incluso con las paupérrimas lineas que tenemos en España, ya puede funcionar más que de sobra sin la menor interrupción, casi a tiempo real.

No sólo puede aplicarse a política. Nicolás Negroponte, director del MIT Media Lab, en los artículos que le publicó años atrás “Muy Interesante”, aseguraba que la tecnología permitirá ver a los ciegos, saltar a los cojos, correr a los ancianos, y no sólo a estos, sino que permitiría ver mejor a los videntes, correr más a los que ya son ágiles, rsistir golpes fuertes a los que trabajan en situaciones de riesgo etc. En definitiva, vivir mejor y envejecer mejor, resistir enfermedades que de otro modo diezmarían poblaciones, poder acceder a lugares antes imposibles, como el fondo de los oceanos o el interior de un volcán e, incluso, olvidarnos del transporte motorizado.

Stephen Hawking, físico y Marvin Minsky, experto en IA del M.I.T, aseguran que, algún día, una IA será capaz de realizar más tareas de las que es capaz un ser humano.
Es por eso por lo que el primero da como solución nuestra mejora genética generalizada, no sólo física, sino también mentalmente. La sociedad se convertiría en una sociedad de superhombres y podría extenderse militar e intelectualmente sin ningún problema, ya que todos los hombres que la habitaran serían más fuertes, más rápidos, más resistentes y más listos que cualquier habitante de los paises vecinos, por lo que toda resistencia seriá fútil.

En este tipo de sociedad, con hombres tan inteligentes como la genética pueda crear, la ciencia avanzaría más y más rápido, por lo que las IA´s irían perfeccionándose a marchas agigantadas y, el día que llegasen a poder hacer todo lo que un humano puede, podrían sustituirlo parcial e incluso totalmente en el trabajo, convirtiendo la sociedad en una sociedad opulenta donde los “trabajadores” trabajen 24 horas y los hombres, la única clase alta, descansaran las mismas 24. “Un Mundo Feliz” donde todo el mundo fuera clase a. Esta sociedad, con personas evolucionadas protegiéndola y sin una de las mayores causas de protestas sociales, que es el trabajo, sería, probablemente, aquel fin de la Historia que anunció Francis Fukuyama, director delegado del Cuerpo de Planeamiento de Política del Departamento de Estado de los Estados Unidos.

La marca japonesa Sony ha patentado no hace mucho la transmisión directa de datos al cerebro. Las aplicaciones de este invento serían casi infinitas. Desde la posibilidad de llevar enciclopedias en miniordenadores acoplados a nuestro cuerpo que nos den los datos que necesitemos cuando se los pidamos mentalmente (Pues ya hace mucho que se investiga en el manejo de ordenadores con el cerebro, consiguiendo éxitos espectaculares) al recuerdo de cantidades ingentes de datos, pasando por una suerte de telepatía o, lo que es más interesante para la asignatura, la inclusión de conocimientos en los alumnos.

Si fuera posible incorporar conocimientos ilimitados a los alumnos, en cuanto cumplieran una edad a determinar, se les podría introducir en cuestión de minutos lo que antes se tardaba años en aprender. Tendrían conocimientos que, en el presente, apenas quien tiene varias carreras maneja.

Quizá el plazo que debamos esperar para llegar a esto sea demasiado largo. Pero ahora mismo podemos cambiar sustancialmente la educación sin más tecnología que la que tenemos.

Desde la invención y abaratamiento de las pantallas planas, podemos cambiar los encerados por una gran pantalla tactil que maneje el profesor desde su pupitre o levantado y donde puedan interactuar los alumnos desde sus pupitres. Una gran pantalla donde puedan abrirse distintas aplicaciones, de texto, de dibujo o abrir presentaciones multimedia que incluyan sonidos, imágenes, animaciones, videos y todo tipo de recursos que ayuden al alumno a aprender y que le permitan mantener la atención con facilidad.

Este contenido podría verse también en sus pupitres, sustituidos por terminales cuyas pantallas pudiera observar el profesor en cualquier momento desde su terminal.
En estos terminales podrían descargar desde el ordenador del profesor las distintas partes del temario, enviarle sus trabajos, hacerle consultas etc. Las posibilidades son casi infinitas.

El terminal puede ser único o puede ser igual al resto, con posibilidad de acceder a un servidor central, para así poder entrar a toda la información desde cualquier terminal, evitando pérdidas de datos que pudieran comprometer el curso de un alumno.

Esta innovación permitiría renovar los contenidos desde el ministerio de educación, acelerar las inspecciones, acercar la tecnología a los niños desde la escuela, dar una educación más individualizada a cada alumno, separado del resto por su pantalla y sus auriculares etc.

Así se podrían dejar atrás las alergias a la tiza o la pérdida de estas, las mochilas cargadas que destrozan las espaldas, los bolígrafos explotados que tiran por tierra una hora de trabajo, los lápices que se quedan sin punta etc.

Estos terminales podrían ponerse desde infantil. Todo aquello que se puede hacer con un lapicero puede hacerse con una tableta gráfica en el ordenador, con la ventaja de que los niños tendrían sólo un lápiz que les permitiría pintar de muchos colores, sin que nunca se acaben las pinturas o no haya para todos.
La desventaja: Esa existencia de bienes escasos de la escuela contemporanea podría enseñar a los alumnos las virtudes de compartir, oportunidad didáctica que se perdería en la escuela moderna. La desventaja no es grave. Ya habrá otros momentos para enseñarles civismo y, seguramente, esta alternativa saque a la luz otras oportunidades para enseñarles otras cosas.

No podemos olvidar la ventaja de trabajar desde casa. El alumno podría conectarse a la página de su colegio, preguntar por deberes, compartir trabajos con sus compañeros, asistir a horas de tutoría sin tener que estar físicamente en el colegio, etc.

Pero no todo iban a ser virtudes. La gran desventaja de este sistema saltan a la vista: El precio es desorbitado. No sólo habría que construir las instalaciones y mantener el gasto eléctrico, también habría que diseñar y mantener el software que se use para llevar a cabo tan titánica tarea.
Si tan solo se acabase ahí, con una esperpéntica inversión inicial, el problema sería fácilmente salvable, pero los ordenadores se estropean o sufren actos vandálicos y habría que renovarlos.

Hay otros fallos menores, como que el sistema puede ser crackeable y los alumnos puedan conseguir control total. Pero esos problemas darían muestra de incompetencia por parte de la desarrolladora y terminarían arreglándose con el mantenimiento del software.
No consideramos un problema el rechazo a estos cambios, que sólo podrían verse echados atrás por luditas y otros tecnófobos.
Sin embargo sí es un problema la implantación, ya que requerirían de una gran inversión gubernamental, que es cada vez más difícil por la preferencia que se está dando a la empresa privada en todo el mundo.

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